Al calor de la Autogestión CYFISA: la utopía vivida

cyfisaAl calor de la Autogestión CYFISA: la utopía vivida
Fernando Ortega Barriuso y Néstor Cerezo Morquillas. Editorial Hilo Negro

Un trozo de Burgos fue autogestionario

Hace 20 años y en Burgos, unos pocos, apoyados por otros pocos, quisimos vivir y llevar a la práctica la UTOPÍA en la cual creíamos. Tomamos la fábrica (Calor y Frío Industrial S. A.), y allí donde la democracia parecía imposible la impusimos.
Hoy, después de 20 años, cuántas cosas se han quedado en el camino, cuántas traiciones hemos visto, cuántos cambios de chaqueta se han hecho en nombre de esta democracia. Pero la obligación de aquéllos que todavía no hemos perdido la fe en el ser humano es mirar hacia delante. Ése ha sido el propósito de unos pocos que vivimos este proceso autogestionario y que tanto marcó nuestras vidas.
Durante 18 meses, 170 trabajadores fuimos dueños de nuestras propias decisiones. La Asamblea fue el órgano decisorio, el aglutinante que hizo que aquello que parecía imposible perdurase en el tiempo.

Un tiempo corto, pero el suficiente para demostrar que la AUTOGESTIÓN es realizable y que si se dio en una empresa se puede dar en todas. Sólo hace falta imaginación, como decía Fourier: “El cielo quiere que trabajemos con brazos e inteligencia, que a los esfuerzos del trabajo añadamos los esfuerzos de la invención, para descubrir nuestro destino societario “. Cuando conquistamos la toma de decisiones, no pretendimos cambiar de dueños, sino que se impuso de una forma natural la autogestión. Los trabajadores nos hicimos responsables de las decisiones que nos afectaban.

Al sacar a la luz esta experiencia no pretendemos personalismos, sino dar a conocer una lucha que creemos que fue original e imaginativa y que siempre estuvo presente en el Socialismo Utópico (Comuna de París, los primeros Soviet, colectivizaciones anarco-sindicalistas de Aragón y Cataluña, etc). A pesar de su corta duración en el tiempo, estamos seguros de que cualquier transformación de la sociedad ha de pasar necesariamente por la autogestión para que ésta sea real.

Desde lo más profundo de nuestro corazón damos las gracias a esas personas que de forma desinteresada se comprometieron con nosotros: el Colegio de Economistas de Burgos; Virgilio Mazuela, ese gran hombre, por su estudio de viabilidad, por levantar nuestro espíritu en los momentos de desesperanza, por alegrar nuestras reuniones; a Néstor Cerezo, por su tesina de final de carrera que bajo el título “CYFISA: Una experiencia autogestionaria ” , recogió y aglutinó todo el proceso; a Fernando Ortega Barriuso, ese buen amigo que ha refundido en estas páginas todo el proceso; y a todos los hombres y mujeres de Burgos y del resto de los pueblos de España que fueron solidarios con nosotros.

A todos nuestra gratitud y amistad.
Por el Consejo General de Fábrica de 1978.
ANGEL BARREDO SAN MILLAN

Prólogo
El ser humano no sobrevive al odio, no sobrevive a la larga a la competitividad enfermiza, no sobrevive al deterioro de la naturaleza, no sobrevive al egoísmo, no sobrevive a la muerte de los valores humanos. Pero entonces ¿por qué sobrevive al capitalismo? ¿por qué no sobreviven las empresas autogestionarias, amorosas, cooperadoras, ecológicas, humanistas y humanitarias, por qué no CYFISA?
En periodismo se dice que la noticia no es que un perro muerda a un niño, sino que un niño muerda a un perro, por eso también es noticia que un puñado de trabajadores-niños muerdan, aunque sólo sea durante unos meses, al capitalismo-perro, ¡Qué notición sería que tal noticia no fuese noticiada, porque el capitalismo hubiera desaparecido! pero ¿por qué no llega esa noticia, y sí la del cierre de CYFISA?
¿Impide algún curso de los astros la autogestión, que es la forma de convivencia más humana? , ¿la impide el egoísmo humano, poco evolucionado todavía, cercano al hombre de Atapuerca? Y si nada lo impidiera ¿por qué no funciona? .¿Tendremos que cantar el” Asturias patria querida ” triste, al final de la noche, una vez más?
El presente estudio da mucho que pensar. Sobre el fondo de un serio trabajo académico de Néstor Cerezo, ha sido bien resumido por Fernando Ortega, y desde luego da mucho que pensar lo que estas páginas nos recuerdan: que la utopía existe, y que no ha muerto.
¿Dónde está la utopía? Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve, entonces, la utopía? Pues precisamente para eso sirve, para caminar…
Caminar, caminar, aunque ataque la bestia. Si la bestia ataca, respira. Respirar es una cosa que hace mucho bien. No te agobies: ese capitalismo es un ciego moral que pinta de oído.
Pero respirar tiempos mejores exige trabajar en los malos tiempos, aunque sea doloroso la clase trabajadora ha aprendido siempre a golpes: cursos de pobres. Pero lo ha hecho para que no haya más golpes.
Recordemos pues, la historia como primera lección, aunque sea dolorosa. Al final se escribirá la historia verdadera. Las palabras de CYFISA que se fueron, esperándote están.

Carlos Díaz

Introducción
Tras diecinueve meses de autogestión y autocontrol de todas las actividades: producción, compras y ventas, y, por lo tanto, quedándonos con el dinero que ganábamos a partes iguales para todos, hemos conseguido el objetivo que nos planteábamos: la defensa del puesto de trabajo.
Si bien todos los que estamos trabajando continuamos en la fábrica, en nuestro sentir como miembros de la clase obrera, no hay plena satisfacción, pues solamente cuarenta y siete compañeros “de los del paro” y algunos mandos intermedios, se incorporarán a la empresa. Seguirán muchos obreros en paro.
Sin nuestro trabajo en la empresa, las máquinas estarían oxidadas, las paredes se estarían cayendo y no quedaría ” piedra sobre piedra ” .Pero no sólo es nuestro el mérito. También lo es tuyo, compañero. Lo es de ti que nos has defendido en bares y calles; lo es de ti que has sido solidario con nosotros y que has estado en nuestras manifestaciones y en nuestros actos públicos; de ti que has comprado nuestros productos”.
Los trabajadores de Calor y Frío Industrial en Burgos, se dirigían así a la opinión pública el 26 de octubre de 1979, dando fin a una experiencia inédita en la reciente historia de España: la ocupación y consiguiente autogestión de una empresa durante veinte meses por ciento setenta de sus trabajadores.
Con titubeos y discusiones, contando con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos pero también con la reticencia o el claro enfrentamiento de algunas organizaciones sindicales y políticas, sorteando múltiples dificultades legales y resistiendo las continuas maniobras de los propietarios, los 170 trabajadores de CYFISA fueron capaces durante esos veinte meses, de organizar y planificar la producción de la fábrica, establecer redes de distribución para la venta de sus productos y conseguir mantener durante ese periodo un sueldo digno, y al final de la experiencia, conseguir la conservación del puesto de trabajo.
170 trabajadores que fueron capaces, como veremos, de hacer comprender a las autoridades laborales la falta de motivos para el cierre de CYFISA, la ficción de la crisis de la empresa; que supieron dar respuestas eficaces e imaginativas a la presión de los acreedores y de los bancos que intentaban desmantelar la empresa y que fueron lo suficientemente tenaces para no arredrarse ante las inevitables tensiones que el anuncio de un expediente de crisis en la empresa produjo entre los trabajadores.
Primeros pasos de Calor y Frio Industrial
Calor y Frío Industrial, S.A. (CYFISA), era una empresa perteneciente al grupo Garza, con sede central en Madrid, compuesto de diversos departamentos de venta y centros de producción y mantenimiento, dependientes todos ellos del mismo capital. El 55% de la propiedad estaba en manos de don Julio González González y su esposa, vinculada familiarmente a los propietarios del Banco de Granada; un 5% pertenecía a don Tomás Parra Calabria; otro 20% a una entidad financiera dependiente del Banco Occidental y el restante 20% a otra entidad financiera vinculada al Banco de Descuento.
CYFISA se constituyó el 23 de junio de 1965, inscribiéndose en el Registro Mercantil de la provincia de Burgos con fecha 29 de septiembre del mismo año. Su objetivo industrial era la fabricación y distribución de radiadores de calefacción. En sus naves también se montaban aparatos productores de frío industrial y doméstico, acondicionadores de aire y otros equipos de generar frío.
El desarrollo que se advierte en los años sesenta en España, a raíz del Plan de estabilización y las medidas económicas contempladas en el I Plan de Desarrollo, en el que se estimulaba la construcción de nuevas viviendas, hace que el grupo Garza se acoja a los beneficios fiscales que se conceden al nuevo polo de promoción industrial burgalés e instale CYFISA, con un capital inicial de quince millones de pesetas, que, en sucesivas ampliaciones, se convertirán en cien millones diez años después.
Calor y Frío pasa así a ser una más de las cien fábricas que en pocos años se instalan en Burgos, al amparo de los beneficios fiscales que el Gobierno español decretó para los polos de promoción industrial. La ciudad de Burgos se beneficia de ese desarrollo industrial y, en pocos años, pasa de ser una ciudad de apenas 87.000 habitantes a contar con mas de 134.000. Gran parte de los nuevos vecinos proceden de los pueblos cercanos a la capital que acuden al reclamo de un puesto de trabajo con apenas experiencia en el terreno industrial y sindical.
Si, como decimos, el ambiente mayoritario, la mentalidad de la generalidad de los trabajadores y ciudadanos burgaleses no estaba interesado por cuestiones políticas y sindicales, el ambiente general, tanto en Europa como en España vivía momentos de gran intensidad. Las luchas y consiguientes independencias de numerosos países africanos, Cuba, la guerrilla hispanoamericana con la figura mítica del Che, el Concilio Vaticano II, la nueva política de Kennedy, etc., todo ese conglomerado de cambios, tensiones y expresiones de una nueva época tuvieron, quizá, como símbolo el Mayo de 1968 .En España, además, todo ello se acentuaba con la pugna política que toda una serie de organizaciones políticas tenían planteada para estar bien situados en el momento de la muerte del general Franco.
Así, estos primeros años 70 presencian el nacimiento y la actividad incipiente de sindicatos y organizaciones políticas de diversa ideología que promueven toda una serie de movilizaciones a lo largo de la geografía española. Pero será a raíz de la muerte de Franco cuando comience una etapa de alta conflictividad, que en el terreno sindical se inicia con importantes huelgas: Standard, Kelvinator, la construcción y el metro en Madrid…, decenas de huelgas y conflictos que culminaron o tuvieron su expresión más dolorosa en Vitoria/Gasteiz, donde, después de dos meses de continuos paros y movilizaciones, el 3 de marzo de 1976 cinco trabajadores resultaron muertos y más de 120 heridos.
Al no estar los sindicatos legalizados, muchas de esas huelgas y movilizaciones tenían un importante componente asambleario. Los tajos y las fábricas se reunían en asamblea, en la que se nombraban delegados elegidos y revocables, que en su nombre coordinaban todo tipo de acciones (de ese modo nacieron las comisiones obreras). Y así, fueron muchas las fábricas y los tajos que llevaron a cabo importantes luchas. En Intelsa, en Madrid, los trabajadores aguantaron el cierre patronal más de un mes, con esa fórmula asamblearia. En la construcción en Valladolid, 350 trabajadores se encerraron para reclamar una plataforma reivindicativa. Según los periódicos de la época “…Cada uno comía lo que necesitaba, sin desperdiciar nada en ningún momento. El tabaco también se puso en común. Por medio de un canastillo lleno de cigarros, se pasaba por la sala para que cada uno cogiese. Todo era de todos y para todos”.
Pero la legalización de los sindicatos en 1977 -con la organización partidista de las populares comisiones obreras-, y la política de consenso y de pactos que siguieron muchas organizaciones de izquierda y que culminaron con los llamados Pactos de la Moncloa, hace que muchas de esas organizaciones abandonen las movilizaciones y la lucha en la calle y dejen de apoyar las luchas obreras que ellos no controlan.
Queda así claro que gran parte de las huelgas, manifestaciones y paros anteriores habían servido únicamente para sus intereses de partido o sindicato. Había existido una utilización de las aspiraciones populares para conseguir un mayor poder y peso en la vida política española.
En ese tenso ambiente social, comienza CYFISA su andadura. En sus primeros momentos, la fábrica cuenta con apenas ochenta personas y no deja de ser un gran taller con un reducido capital. Pero poco a poco la producción va incrementándose y la plantilla se va ampliando, reforzándose además periódicamente -entre abril y octubre- con un importante contingente de personal eventual. En 1977, año en que se produce el conflicto, la plantilla de CYFISA estaba compuesta por 4 directivos, 40 técnicos, 34 administrativos, 10 subalternos, 254 operarios y, en esos momentos, 18 eventuales. En total, 360 personas. Era una plantilla joven, pues la media de edad era de 36 años, en su gran mayoría hombres.
Consolidación de CYFISA
Los datos anteriores demuestran que el camino recorrido por Calor y Frío desde sus comienzos, tanto en capital como en plantilla, había sido espectacular. La capacidad de producción de la factoría burgalesa se multiplica y los beneficios que se generan van aparar, en buena parte, a otras empresas del Grupo Garza. Esa plusvalía servirá además para crear una línea exportadora a Túnez y Portugal, que el grupo Garza crea para aprovechar las ayudas a la exportación que en esa época otorga el Gobierno español, y que beneficiará básicamente a los propietarios del grupo.
No solamente cambia CYFISA. El polo de promoción industrial burgalés, diez años después de su creación, ya se ha consolidado, figurando instaladas en él más de cien empresas y habiéndose creado once mil puestos de trabajo, casi la mitad de ellos pertenecientes al sector metalúrgico, al que pertenecia CYFISA. La conciencia sindical comienza a hacerse notar entre esta nueva población industrial y los obreros de CYFISA se destacan en las incipientes reivindicaciones laborales. Con luchas y esfuerzos, consiguen tener un convenio colectivo propio bastante avanzado, lo que hace que sean considerados como uno de los colectivos laborales mejor pagados de Burgos.
El grado de sensibilidad sindical existente en CYFISA se manifiesta también en la forma en que los trabajadores se organizan en la empresa. Boicoteadas desde 1968 las elecciones organizadas por el sindicato oficial, para enlaces y jurados de empresa, llegando a una abstención del 75%, los obreros de CYFISA optan por organizarse por medio de la asamblea general, al margen de la estructura del sindicato vertical. Esta actitud general y esta experiencia asamblearia resultan importantes para entender mejor la preparación y la capacidad que los trabajadores de Calor y Frío tienen durante la crisis. Con esos antecedentes sabrán encauzar y dirigir mejor el periodo de autogestión que luego vivirán, en el que la asamblea jugará un papel determinante.
Gran parte del grupo de trabajadores que alienta y defiende esta alternativa asamblearia pertenece a “Autonomía Obrera” , grupo al que se puede enmarcar ideológicamente como consejista. Este grupo se completará con algún afiliado de CC.OO. y UGT.
Muchos de esos trabajadores que propugnaban la soberanía de la asamblea frente a la estructura del sindicato oficial o frente al poder decisorio de los comités, que defendían los sindicatos tradicionales, provenían de organizaciones católicas de base, como la HOAC o la JOC, que en Burgos tenían cierta importancia. Eran trabajadores que habían debatido, analizado y leído toda la tradición asamblearia que partiendo de los comités de fábrica rusos, de los consejos húngaros y alemanes, llegaba a la propia experiencia española, en la que los anarquistas preferentemente defendían la democracia directa y el poder soberano de la asamblea y la autogestión. Querían, pues, retomar el espíritu, la línea que había marcado, por ejemplo, el Decreto de colectivización de la economía catalana, publicado el 24 de octubre de 1936, por el que en las empresas colectivizadas .’…la responsabilidad recaía sobre los obreros que trabajaban en las mismas, representados en un consejo de empresa nombrado por los trabajadores entre los asistentes a la asamblea general” .
Era un grupo heterogéneo, pero que tenía sus referencias, sus raíces, en el pensamiento de Owen, Fourier y Proudhon, y en los primeros congresos de la Asociación Internacional de Trabajadores, donde un buen sector defendía un modelo de construcción del socialismo en el cual las palancas principales del poder y los centros de decisión y control sobre los mecanismos productivos residieran en las manos de los trabajadores democráticamente organizados.
Estalla la crisis
Comienza el año clave: 1977. Por un lado, ante la falta de representatividad del jurado de empresa, los trabajadores deciden elegir un Comité de Delegados en asamblea, mediante voto secreto y sin disinción de categorías. Con ese sistema resultan elegidos trece delegados, de los cuales seis son afiliados a la UGT y siete no pertenecen a ningún sindicato.
El Comité de Delegados es reconocido por la dirección de la empresa. Paralelamente se forma una Coordinadora de Empresas del grupo Garza, que jugará un papel importante en el desarrollo del conflicto en el que se ven involucradas todas las empresas del grupo. Los trabajadores son ya conscientes de que la estrategia empresarial del grupo les afecta de forma global y que, por ello deben de responder conjuntamente a los problemas que se plantean.
No en vano el grupo Garza es el grupo español más importante en el sector de calefacción eléctrica y el segundo en el mercado europeo. Entre las diversas empresas y centros de producción llegó a tener cerca de mil trabajadores.
1977 es el año en que la economía española entra en crisis, debido en parte a la crisis política existente y también a la crisis petrolera y económica que atraviesa toda Europa. La economía se estanca, se produce una fuerte inflación, que en dicho año llega a ser del 20% , y el endeudamiento exterior creciente conlleva un retroceso de la actividad económica que se refleja en la disminución del Producto Nacional Bruto y en el aumento del paro.
La crisis económica afecta a todos los sectores de la producción, entre ellos al sector de electrodomésticos. Cae la demanda, lo que provoca el consiguiente cierre o reagrupamiento de empresas, facilitadas por el Gobierno.
Lógicamente la crisis se hace notar en las endebles empresas burgalesas, que notan el estancamiento económico y comienzan a tener problemas de diversa índole. Así ISSA, INOXA, PLAVISA, SGM, CORREA… y CYFISA notan la paralización de la demanda. Porque, amparándose en la crisis generalizada y en el parón a la exportación que consiguientemente se produce, los propietarios del grupo Garza crean una crisis artificial y plantean un expediente de regulación de empleo en todas las empresas del grupo.
Paradójicamente, en otoño de 1977, cuando habitualmente se finalizaba la campaña especial de trabajo, y se ponía fin a los contratos eventuales, éstos se renuevan e incluso se incrementa su número, que llega a ser de ochenta. Paralelamente, se incentiva la realización de horas extraordinarias, lo que motiva que los almacenes se saturen de productos terminados. Al finalizar este año, la producción había sido mayor que la de los años 1974 y 1975 juntos y superior a la de 1976.
La empresa comienza a dejar de pagar a los proveedores. No se abonan los recibos de electricidad, agua y teléfono y deja de liquidarse el impuesto de lujo correspondiente al cuarto trimestre de 1977. A la vez se piden créditos que se invierten en otras empresas del grupo.
El 2 de enero de 1978, la dirección de CYFISA y el Comité de Delegados mantienen una reunión con fa intención de negociar el nuevo convenio. Pero, sorpresivamente, en vez de analizar el nuevo convenio, la dirección plantea su visión de una inminente crisis en la empresa, argumentando la falta de ventas y de liquidez. Los representantes de los trabajadores no admiten tal interpretación y piensan que es una maniobra de la dirección de cara a la negociación. En el documento que redactan para informar al resto de los trabajadores así lo transmiten: “..,la imagen de crisis que la dirección pintó era únicamente un medio de coacción y no una realidad”.
Buena prueba de esa creencia es que los trabajadores de CYFISA, reunidos en asamblea y pensando que el problema financiero de la empresa es coyuntural, motivado por la política de préstamos de los bancos, y convencidos de su rápida solución, plantean de cara al nuevo convenio una plataforma reivindicativa, en la que entre otras mejoras contempla una subida de 5.000 pesetas para todas las categorías y un salario mínimo de 35.000 pesetas para la categoría de peón.
Este mes de enero va transcurriendo con aparente normalidad. Llega el día 2 de febrero,donde de nuevo hay concertada una reunión entre dirección y comité. La dirección explica a los representantes de los trabajadores que la liquidez de la empresa es tan crítica que se ha tenido que dejar de atender a los pagos de los proveedores y que las expectativas de venta, tanto en el extranjero como en el mercado nacional, se consideran que serán la mitad que otros años, por lo que para la propia supervivencia de la empresa, sería necesario que la plantilla se redujera, al menos, en un 50%, dado que, además, la crisis era de todo el grupo Garza.
Pocos días después, la dirección de CYFISA presenta ante la Delegación Provincial de Trabajo un expediente de regulación de empleo en el que insiste sobre la incidencia de los gastos de personal en los gastos generales de la empresa y la importancia de reducirlos para dar salida a la crisis. La solución que propone pasa por el despido de 157 trabajadores de los 342 que componen la plantilla fija.
La lista de los trabajadores despedidos es comunicada al Comité de Delegados, el cual decide no darla a conocer al resto de la plantilla para evitar posturas insolidarias. En la asamblea convocada una vez conocido el expediente de regulación de empleo, se decide oponerse a cualquier rescisión de contratos bajo la consigna de “0 todos o ninguno” y, además de solicitar una mayor información por parte de la empresa, se decide comenzar una serie de movilizaciones para dar a conocer a los ciudadanos burgaleses el problema de CYFISA.
Comienza así una serie de manifestaciones, asambleas y comunicados con la finalidad de informar del conflicto existente y de denunciar la supuesta crisis de la empresa. Paralelamente se continúan las reuniones entre la dirección y el comité de delegados. El 20 de febrero se convoca una de dichas reuniones en presencia del delegado de Trabajo y el gobernador civil de Burgos. En esa reunión, la misma dirección reconoce que la crisis no es tan crítica como la plantean los accionistas de la empresa, y que podría resolverse con las bajas incentivadas y voluntarias de unos 60 o 70 contratos. El mismo delegado de Trabajo sugiere que se opte por una reducción de jornada de trabajo en lugar de serio de puestos.
Al finalizar dicha reunión, el director de la empresa presenta su dimisión, al sentir que no cuenta con la confianza del consejo de administración del grupo Garza, con el que se ha enfrentado en diversas ocasiones. Este abandono propiciará, más adelante, la toma de control de la empresa por los trabajadores. En esa reunión se aprueban las medidas encaminadas a resolver la crisis que defendía la dirección: rescisión voluntaria de los contratos de unos 60 trabajadores, con una indemnización de mes y medio por año de antigüedad en la empresa, con un tope de 12 mensualidades, más ayuda del Seguro de Desempleo. Esa medida se complementaría con una reducción de la jornada de trabajo para el resto del personal.
El Comité de Delegados, aún defendiendo su idea de la artificialidad de la crisis, acepta en lo fundamental los planteamientos de la dirección a cambio de que los trabajadores participen en la gestión y control de la empresa, asistiendo a los consejos de administración y participando en la reestructuración de las secciones.
El Comité de Delegados quiere que, a cambio de ceder mínimamente en la rescisión voluntaria de un grupo de trabajadores, sus representantes puedan influir en la orientación y gestión de la empresa para evitar una nueva situación de crisis.
Piden, además, que se les faciliten todos los datos contables y los programas de fabricación y exportación. Asimismo exigen la garantía de que, al menos en los próximos dos años, no haya nuevas bajas.
Estos acuerdos entre la dirección y el comité de delegados son echados por tierra por el consejo de administración de la empresa en una reunión mantenida en marzo entre el comité y el citado consejo en la que éste plantea únicamente la suspensión de pagos en un plazo inmediato, haciendo caso omiso de las reivindicaciones de los trabajadores.
Los trabajadores se movilizan para impedir la resolución favorable al expediente de crisis. El comité se reúne de nuevo con el delegado de Trabajo y solicita diversos informes para demostrar que durante varios años la producción de CYFISA había beneficiado a título particular a los miembros del consejo de administración del grupo, al recibir éstos las importantes cantidades de dinero que en concepto de ayuda a la exportación otorgaba el Gobierno.
Ante la falta de los informes oficiales, el Comité de delegados redacta un documento en el que, entre otras cosas, dice:
“Tanto la dirección de CYFISA como el Comité de los trabajadores opinan que ésta es una empresa rentable, pero que al vender el 80% de sus productos a Comercial Garza y empresas filiales a precios por debajo de sus costes de producción, al final del ejercicio anual arroja pérdidas considerables, en beneficio naturalmente de las antes mencionadas empresas compradoras, cuyos accionistas y consejo de administración son, basicamente los mismos”.
Analizan, asímismo, la política de compras y los gastos financieros que se atribuyen a CYFISA y que el Comité intuye que más bien pertenecen a otras empresas del grupo, así como una serie de maniobras en torno a los impuestos y a la política financiera. Constatan el trasvase económico entre CYFISA y otras empresas del grupo, en detrimento de aquélla, lo que modernamente se calificaría como “ingeniería financiera”.
Paralelamente al documento del Comité de Delegados, un grupo de economistas del Colegio Profesional de Burgos, realiza un análisis de la situación de CYFISA en el que se apuntaba, entre otras causas, que “…los problemas de unas empresas del grupo han empujado a otras, precisamente las que mayores beneficios tuvieron a costa de las que trabajaban más rentablemente y obtuvieron pérdidas. 2. La evasión de beneficios propios y producidos por CYFISA produjo la actual descapitalización. 3. Los problemas financieros ya consustanciales a las empresas españolas, montadas con mucha ilusión y muy escasa inversión y 4. La complicadas organización industrial y comercial, que restó eficacia a la dirección”.
Además de toda esa serie de reuniones y documentos, los trabajadores de Calor y Frío presionan con todo tipo de movilizaciones. El día 29 de marzo toda la plantilla se encierra en la Delegación de Trabajo para presionar sobre la resolución del expediente de crisis.
Al día siguiente, la Inspección de Trabajo emite un informe sobre el expediente en el que subraya que “…la presentación de datos falsos no es algo inédito en la vida de la empresa y que pudiendo existir una situación transitoria de crisis, debido a imprevisiones y desajustes del mercado, la empresa intenta exagerar su carácter y consecuencias con ánimo de desprenderese de casi la mitad de la plantilla del personal”.
Así, pues, la tergiversación y falta de datos hace que se deniegue la reestructuración de la plantilla.
Ante la desautorización de la Delegación de Trabajo, el consejo de administración comunica a los trabajadores su intención de suspender el contrato a toda la plantilla durante seis meses, amenazando que si no obtiene respuesta positiva a su oferta en el plazo de cinco días, presentará una suspensión de pagos.
En respuesta a esas amenazas y ante la falta de pago de los salarios, los trabajadores, conociendo que en los almacenes se amontonan placas y acondicionadores dispuestos para la venta por valor de cuarenta millones de pesetas, piden al director que autorice la venta de esos productos para cobrar sus salarios. El director accede a dicha petición y de esa forma todos los trabajadores pasan a convertirse en vendedores forzados.
El domingo nueve de abril instalan puestos de venta en diferentes calles de Burgos, desde los que se informa, además, a los ciudadanos de la situación de Calor y Frío y se explica el motivo de dicha acción. Se venden los productos casi un 50% más baratos que en los comercios y gracias a ello, los trabajadores pueden cobrar los salarios atrasados.
Los propietarios de la empresa contraatacan y presentan en el juzgado la anunciada suspensión de pagos.
Al día siguiente comienzan los procesos de embargo efectuados por varios acreedores, entre ellos el Banco de Castilla. A esta nueva situación, los trabajadores responden de una manera curiosa y efectiva. “Sábado Gráfico”, un semanario de la época, se hizo eco de dicha iniciativa: “Al tenerse conocimiento de la situación planteada en CYFISA, el primero en embargar fue el Banco de Castilla, lo que venía a agravar la situación de los obreros. Éstos con gran sentido del humor decidieron tomar represalias contra la entidad pero no lo hicieron, como es normal ahora en estos casos, con rotura de lunas, lanzamiento de botellas incendiarias o similares. ¡Qué va! A las nueve de la mañana se presentaron en masa en los locales del banco y en perfecta línea, silenciosos y serios, se aproximaron a las ventanillas, uno por uno, solicitando la apertura de cuentas corrientes y libretas de ahorro, con la mínima cantidad exigida. En posesión de estos documentos se ponían al final de la cola, y cuando de nuevo llegaban a la ventanilla ingresaban de nuevo una pequeña cantidad y ¡otra vez a la cola! Como es lógico, el banco estaba totalmente bloqueado y nadie podía quejarse, pues estas operaciones y la compostura de los clientes era correcta…”.
La suspensión de pagos por parte de la empresa provoca discusiones y diferentes tomas de postura por parte de los trabajadores. El día 15 de abril se realiza una asamblea en la que, por primera vez, se hace la propuesta de llevar a cabo la gestión de la factoría en régimen de autogestión, a cuyo acuerdo se oponen los delegados de CC.OO. y UGT. Más tarde, los militantes de Comisiones Obreras, una vez analizada más a fondo la situación y asesorados por sus abogados, deciden sumarse al proyecto autogestionario; no así los delegados y afiliados de la UGT. Estos delegados   estaban negociando a espaldas de la asamblea, con la empresa, la suspensión de los contratos durante seis meses. En una de las asambleas, y tras violentas discusiones, se decide la dimisión de dichos delegados por esa actitud.
Ante esa decisión. los sindicalistas de UGT convocan una asamblea para exponer su postura. En ella se manifiesta claramente la división irreconciliable entre los que defienden la propuesta presentada por UGT -aceptar el paro de seis meses- y la alternativa ofrecida por el resto del comité de iniciar un proceso autogestionario para defender el puesto de trabajo. Los votos emitidos al final de la asamblea dan como resultado que la mitad de la plantilla elige acogerse al paro, y el resto, 170, deciden ocupar la fábrica y reiniciar la actividad de la misma.
Al tener conocimiento de esta última decisión, el consejo de administración se presenta en la fábrica para impedir su ocupación, para lo que requiere la presencia de la Policía Armada. Ésta se ve paralizada en su actuación por la actitud de los trabajadores de CYFISA que, sentados en el patio de la fábrica sin proferir una sola palabra, impedían el paso de las fuerzas. Después de horas de tensión, la llegada de refuerzos policiales que cargan contra los trabajadores, produce el desalojo de éstos con el resultado de dos intoxicados por los botes de humo, uno de ellos de gravedad.
Mientras en Madrid, los compañeros de las factorías del grupo Garza protagonizan movilizaciones, encierros y cortes de tráfico, en Burgos los 126 trabajadores que solicitaron la suspensión temporal del contrato se quedan en casa y los restantes 170 se disponen a hacer funcionar la fábrica.
1º de Mayo: Autogestión
En una fecha tan significativa para la clase obrera como es el 1º de mayo, los trabajadores de CYFISA inician una nueva etapa en la vida de la fábrica. Con la autorización del juzgado y bajo la presión de los acreedores, después de tres meses de paralización, se comienzan a revisar todas las máquinas en instalaciones para poder reiniciar la producción.
El presidente del Consejo de Administración intenta paralizar este proceso argumentando ante la Delegación de Trabajo que “…los oberos que se encuentran en la fábrica no tienen ningún jefe o técnico, o persona con la mínima capacidad para ordenar y mantener la producción de la misma”. Los trabajadores responden a la Delegación de Trabajo haciéndola ver que el 80% de los encargados y especialistas se encontraban presentes en la fábrica, y que la plantilla actual se componía de 2 administrativos, 4 delineantes, 24 oficiales y encargados y 140 peones especialistas, plantilla a todas luces suficiente para realizar la producción.
Después de una exhaustiva revisión de la maquinaria y de las instalaciones, el 20 de mayo comienza la producción. Reunidos en asamblea, se organiza el nuevo organigrama de la empresa, que se va a componer de cinco departamentos: administración, compras. fabricación, oficina técnica y ventas, subdivididos en catorce secciones, las cuales eligirán un responsable -normalmente el encargado-, quienes serán los que elijan al coordinador de cada departamento. Dichos coordinadores, junto con el Comité de Delegados, constituirá el Consejo General de Fábrica.
Para su buen funcionamiento, el citado Consejo elaboró un minucioso reglamento. En él se establecía que todas las decisiones del Consejo se tomarían por mayoría (la mitad más uno). En dicho reglamento figuraba también la obligación de los responsables de los diversos departamentos y secciones de reunirse todos los días para planificar y distribuir el trabajo. Asímismo establecía la obligación de todo el personal de estar a las seis de la mañana en su puesto de trabajo para conocer el trabajo asignado, según las listas elaboradas por los encargados.
El reglamento regulaba, asímismo, la creación y funcionamiento de una sala de lectura y la asistencia de todos los trabajadores a cursillos de formación y entretenimiento, sobre temas como la Historia del Movimiento Obrero, Tecnología y Matemáticas, entre otros.
El órgano máximo de decisión será, como hasta entonces, la asamblea general, donde se tomarán las decisiones importantes y donde se fiscalizarán todos los gastos e ingresos que produzca la actividad de la empresa. Para las reuniones, ya habituales, de la asamblea, se habilita una zona de una nave que normalmente no se utiliza.
Se regula un salario de 28.000 pesetas mensuales, con dos pagas de 20.000 pesetas para todos los trabajadores, sin distinción de categorías.
Ese nuevo diseño de gestión y organización autogestionaria es puesto en cuestión por una parte de los trabajadores en una de las asambleas. Con la intención de conocer en detalle la opinión del conjunto, el Consejo de Fábrica realiza una amplia encuesta. Una de las opiniones más generalizadas que se recogen es la de elegir delegados revocables que representen a la asamblea y que ésta sea siempre el órgano decisorio. El espíritu de muchas de las respuestas a la encuesta podía quedar reflejado en la opinión que reproducimos a continuación: “…A mi juicio, los delegados que se nombren deberian tener autoridad de conjunto y obrar en equipo, siempre que se trate de solucionar los problemas, tanto si estos problemas son generales de la fábrica como si son particulares de un gremio determinado o de un individuo cualquiera. Es decir, no concibo la división entre los representantes de los obreros administrativos y técnicos, cada uno por su parte, como se ha venido haciendo hasta ahora, sin que los problemas sean planteados y resueltos por la asamblea en conjunto, ya que la unión hace la fuerza…”.
Trabajadores/Vendedores
Calor y Frío funciona con toda normalidad. La producción de placas y radiadores sigue su ritmo normal y para darla salida los trabajadores organizan una peculiar red de ventas, recorriendo con coches particulares y con el furgón de la empresa la ciudad y la provincia burgalesa. Como el mercado burgalés comienza a estar saturado, se buscan nuevos canales de distribución. Se contacta con cooperativas, economatos y comités de empresa a los que se les ofrece los productos de Calor y Frío. Uno de los medios que se crean con el fin de dar a conocer los productos de CYFISA y su situación laboral es el boletín “CYFISA EN LUCHA (Un llamamiento a la solidaridad)”, que, al precio de quince pesetas, se distribuye a asociaciones de vecinos, comités de empresa, medios de comunicación, etc., de toda España.
Este boletín, además de dar a conocer la experiencia autogestionaria de CYFISA, trata de ser un medio de concienciación de la clase obrera. En todos los números aparecían análisis y reflexiones sobre los problemas laborales y se podían leer afirmaciones como la siguiente:
“Nosotros, el pueblo, los obreros, somos los únicos capaces de crear riqueza. Por lo tanto, esa riqueza nos pertenece. Si para conseguirla tenemos que eliminar el sistema capitalista que es el creador de la crisis permanente que padecemos, deberemos cambiar el sistema. Tenemos que hacerlo, de lo contrario el sistema nos comerá”.
Mientras tanto el consejo de administración no permanecía impasible y hace todo lo posible para torpedear la normal actividad de CYFISA. Rescinde los contratos que mantenía con las distintas compañías suministradoras de luz, agua y teléfono lo que provoca una situación muy delicada en el funcionamiento de la empresa. Los trabajadores rápidamente se movilizan ante el gobierno civil y las sedes de las compañías suministradoras y después de diversas negociaciones consiguen que los distintos suministros sean restablecidos.
La producción de la empresa continúa no sin problemas. La falta de materia prima y de dinero, hace que se tenga que recurrir a un trueque. Se cambian 200 toneladas de chapa en malas condiciones por material en buen estado, lo que permite poder fabricar otros 2.000 radiadores que gracias a la red de distribución alternativa se venden rápidamente.
De nuevo escase la materia prima. Además no hay liquidez económica para comprarla. La situación se complica por la presión que ejercen los acreedores para que no se realicen nuevos suministros. Un pedido en firme de 3.000 radiadores por una importante empresa aragonesa rompe favorablemente la situación.
El mismo comité de fábrica, en declaraciones a un periódico, reconoce las dificultades por las que atraviesa el proceso autogestionario: “…hay grandes dificultades, desde la falta de materias primas al cambio de actividad del personal. Necesitamos créditos para poder comprar y vender y no los tenemos; según obtenemos algún dinero lo empleamos para comprar materias primas. Además, hemos tenido que designar compañeros para puestos que antes no habían realizado…”.
En ese panorama, un tanto gris, hay una relativa buena noticia. Los trabajadores de la empresa Calda, perteneciente también al grupo Garza, después de cinco meses sin recibir sus salarios, reinician su actividad asumiendo los trabajadores la gestión de la empresa, con criterios similares a los de CYFISA: elección democrática de sus representantes, salarios iguales para todos, control de la asamblea, etc. Comienza así una positiva colaboración entre ambas empresas. Calda distribuye los productos de Calor y Frío en Madrid y se encargará de su servicio técnico.
Paralelamente a esta situación, se suceden diversas reuniones entre la Administración laboral, los acreedores y el consejo de administración del grupo Garza. A finales de noviembre éste hace llegar a los trabajadores una propuesta: la continuidad de todo el grupo, garantizado por su compra por una importante empresa, a cambio de que se admita la suspensión de contratos durante seis meses.
Los trabajadores analizan la propuesta y la rechazan al considerar que únicamente encubre el cierre definitivo de las diversas factorías y que sólo interesaría las patentes y los anteriores canarles de distribución.
CYFISA autogestionada, productiva
Los trabajadores no se conforman con rechazar la oferta de la empresa, basada en un supuesto estudio de viabilidad. Ellos también quieren hacer su propio estudio y para ello encargan a un grupo de economistas del Colegio Oficial de Burgos que haga un análisis de la viabilidad de CYFISA.
Los citados economistas presentan sus conclusiones en las que se pone de manifiesto la rentabilidad de la empresa con el número de trabajadores existente, limitando su producción a tres tipos de productos. En el informe se aconseja la creación de una red comercial propia y la normalización jurídica, que pasaría por la constitición de una cooperativa.
Las conclusiones de ese análisis son publicadas en el Diario de Burgos del día 27 de enero de 1979:
“Los expedientes de crisis, de regulación de empleo, de reducción de jornada o de plantilla, las suspensiones de pago, y hasta el abandonismo de los patronos y directivos de de empresasm hasta ayer prósperas y pujantes, se vienen sucediendo diariamente. Y ninguna solución oficial aparece por el momento, no hay alternativas aplicables al paro.
Como contestación a unas circunstacias que aparecen irreversibles, están surgiendo algunos intentos protagonizados por los trabajadores para impedir que las empresas se paren o se cierren y que ellos pierdan su empleo. En asambleas deciden su futuro planificado, su trabajo o un plan de ventas, sin claudicar ante las presiones de los sindicatos o grupos que representan al capital, grupos que quieren pactar en su provecho o imponer normas establecidas”.
Y después de describir el proceso de fabricación y venta directa, y las dificultades por las que atraviesa esa experiencia, continúa el texto:
“¿Es esto autogestión? En principio tiene todas las condiciones internas para que lo sea, ante el abandono y la huida de directivos y altos técnicos. En la empresa, los 170 trabajadores han asumido las responsabilidades, se han hecho cargo de su funcionamiento. Hoy son ellos los auténticos directivos de ellos mismos. Esto, en principio, es autogestión. Sólo se requeriría que los propios trabajadores quieran -y no solo puedan- sustituir a los que se han ido”.
Y concluyen:
“Un grupo de economistas fuimos encargados de realizar un estudio-informe sobre la posibilidad de supervivencia de CYFISA en manos de los trabajadores. Hemos aportado, dentro del mayor rigor científico permitido, sólo unos datos que pueden demostrar palpablemente que existen las condiciones industriales, comerciales y de rentabilidad requeridas para que la empresa subsista. Pero por encima de ello, está el valor de algo que puede ser solución en el tenebroso panorama de paro que presenta nuestro país: en el caso de empresas de hombres cansados, aburridos, sin ganas de correr riesgos (una de las cualidades del patrón), la aventura podría ser asumida entonces por quienes desean ser los verdaderos protagonistas de la producción: los trabajadores”.
No solamente en el Diario de Burgos se analiza la experiencia de CYFISA. Diversas publicaciones nacionales comentan el proceso autogestionario que vive la fábrica burgalesa que, como apuntaba alguna publicación “ya ha sobrepasado los 121 días de la fábrica francesa de relojes, LIP, que en su día fue una auténtica bomba”.
Enero de 1979 contempla dos hechos distintos en la vida cotidiana de los trabajadores de CYFISA: la subida a 32.000 pesetas de su salario, fundamentada por la relativa buena marcha de las ventas, y el abandono del un grupo de 30 trabajadores de la experiencia autogestionaria.
Continúa la producción y las ventas sin mayores sobresaltos. Un estudio encargado por el Ministerio de Trabajo a la consultora bilbaína TECNIVAS, ratifica la rentabilidad de la empresa burgalesa siempre que esté encuadrada en el grupo Garza.
El 15 de abril se realiza una importante reunión en el Ministerio de Trabajo al que acuden todos los miembros de la plantilla en autobuses. Allí se analiza la salida jurídica de la situación y las posibles ayudas a fondo perdido que el gobierno piensa otorgar para el saneamiento de la empresa.
Nace “Unidad Económica GARZA”
Tiene que llegar el 22 de junio para que se produzca un nuevo movimiento. Los accionistas del Grupo Garza llegan a un compromiso con los acreedores por el que, entre otros puntos, acuerdan que el grupo continúe su actividad bajo la entidad de “Unidad Económica GARZA” y que CYFISA mantenga los 140 puestos de trabajo que en ese momento tenía, con la incorporación de los necesarios de los que en su día se acogieron a la suspensión del contrato.
Pese a esos acuerdos en firme, se suceden las maniobras dilatorias que están a punto de liquidar definitivamente el grupo. Por ello, el 5 de septiembre los trabajadores burgaleses sacan un nuevo comunicado:
“A través de este comunicado queremos hacer saber al pueblo de Burgos que una vez más la solución a nuestro problema no llega, entre otras razones porque las altas esferas en el conflicto (bancos, cajas de ahorro y préstamo), negociando desde hace meses a nuestras espaldas, no llegan a ponerse de acuerdo para repartirse el botín (…)
Por nuestra parte, y ante esta nueva situación, queremos informar que tenemos pedidos para atender nuestras necesidades a medio plazo y nuestro estado de ánimo dispuesto para afrontar cualquier situación (año y medio de sufrimientos nos ha endurecido la piel lo suficiente como para lanzar este reto…)”.
Por fin, a finales de septiembre se formaliza la creación del nuevo grupo, en el que queda integrado Calor y Frío Industrial.
El 15 de octubre la totalidad de la junta de acreedores accede a la reanudación de las actividades dentro de lo que podemos llamar normalidad jurídica. Ese mismo día el juzgado levanta la suspensión de pagos.
1 de Noviembre: Terminan 20 meses de autogestión
Finaliza así la experiencia autogestionaria de los 170 trabajadores de Calor y Frío. Se reparten los beneficios generados durante los veinte meses de autogestión: 75.000 pesetas y -simbólicamente- un radiador eléctrico para cada uno de los 170 protagonistas. El cansancio y la falta de una perspectiva mejor hacen que esa solución se acoja como un mal menor.
Durante esos meses se han llegado a pagar nóminas por valor de 90 millones de pesetas y se han facturado producción por unos 450 millones.
Un artículo publicado en el Diario de Burgos el 28 de octubre refleja fielmente el proceso autogestionario de los trabajadores de CYFISA:
“El pueblo de Burgos ha seguido con creciente interés la grave situación que durante casi dos años -exactamente 20 meses- han sufrido, con admirable espíritu de unión y solidaridad, los 170 trabajadores de la empresa CYFISA que luchando democrática y civilizadamente contra obstáculos que parecían insuperables, han conseguido, al fin, en una experiencia autogestionaria sino salvar la propia existencia de la empresa, demostrando con hechos lo que algunos creyeron ver, en un principio, poco menos que una quimera y un sueño.
Veinte meses, como decimos, ha durado la lucha, sin respiro, en constante tensión y en todos los frentes: acreedores, consejo de administración, sindicatos, partidos: incluso los propios compañeros menos combativos, menos esperanzados y, en general, en toda la línea, las lógicas dificultades que provienen de una situación adversa.
Enumerar los pasos dados en este caminar arduo y fatigoso llenaría páginas, como uno de los hechos más insólitos en el panorama industrial de nuestro país y seguramente en Europa, pues se ha superado con exceso el caso LIP de Francia, que, en su tiempo, fue hecho destacado en la prensa internacional.
Este es el desafío de CYFISA: un grupo de obreros que, con sacrificios y angustias, han gestionado autónomamente la marcha de una empresa que estaba hundida y se ha salvado. Y para decidir su futuro se ha tenido que contar con los trabajadores que se responsabilizaron de la producción cuando nadie quería saber nada.
La experiencia ha sido un éxito por varias razones: puede servir en un futuro próximo para otras similares; se ha logrado la consigna del primer día, defender el puesto de trabajo y éste ya está asegurado; se ha probado que, en un mundo industrial en crisis, existen alternativas al paro que han durado meses y un día quizá duren años; se ha construido una nueva socio-estructura por los trabajadores frente a la tecno-estructura de la empresa”.
Y termina el análisis:
“El trabajo y la inteligencia y un elevado sentido social han llevado al éxito”.
Los mismos protagonistas de esta experiencia, muchos años después de finalizada, piensan que la actitud que tomaron los trabajadores fue la respuesta correcta que se pudo dar ante la crisis ficticia de la empresa, ya que gracias a ella consiguieron mantener su puesto de trabajo y demostraron que la empresa era viable y que los trabajadores, pese a todas las trabas, eran capaces de organizarse y de sacar adelante la producción y la venta de lo fabricado. Aún reconociendo que hubo de todo, compañeros que no participaban en las asambleas, una minoría que pasaba hasta de trabajar, etc., la experiencia asamblearia les marcó y les enriqueció y con ella aprendieron mucho. Piensan, en fin, que su postura influyó mucho en las demás empresas del sector del metal en Burgos, ya que ante el temor de que se generalizara esta experiencia, muchos empresarios se cuidaron mucho antes de decidir reestructuraciones de plantilla o expedientes de crisis. Aparte es posible que alguno de sus protagonistas de la experiencia autogestionaria tuviera colgado en su casa un póster con el Decreto que promulgó la Comuna de París el 16 de abril de 1871 y que decía:
“La Comuna de París
Considerando que muchos talleres han sido abandonados por los que los dirigían huyendo de sus obligaciones cívicas, sin tener en cuenta los intereses de los trabajadores.
Considerando que, a consecuencia de ese cobarde abandono, se encuentran interrumpidos muchos trabajos esenciales para la vida comunitaria, y compromete la vida de los trabajadores.
DECRETA:
Las cámaras sindicales obreras son convocadas para instituir una comisión de encuesta que tenga por fin:
1. Hacer una estadística de los talleres abandonados, así como un inventario exacto del estado en que se encuentran, lo mismo que los instrumentos de trabajo que en ellos hay.
2. Presentar un informe que establezca las condiciones prácticas para poner en marcha los talleres, no por los desertores que les han abandonado, sino por la asociación cooperativa de trabajadores que estaban empleados en ellos.
3. Elaborarán un proyecto de constitución de estas sociedades cooperativas obreras.
4. Constituir un jurado arbitral que habrá de fijar, a la vuelta de dichos patronos, las condiciones de cesión definitiva de los talleres a las asociaciones obreras y sobre la cuantía de las indemnizaciones que las sociedades habrán de pagar a los patronos.
Esta comisión habrá de dirigir su informe a la comisión de trabajo e intercambio, que tendrá que presentar a la Comuna, en el menor espacio de tiempo, el proyecto de decreto que dé satisfacción a los intereses de la Comuna y de los trabajadores”.
En fin, como hombres recios castellanos siguieron fieles al antiguo refrán de la tierra que dice “Nadie es más que nadie” y demostraron que “Ningún hombre es lo suficientemente bueno como para ser amo de otro hombre”.

Anexo
Una experiencia interesante “CYFISA”, de la autogestión a una alternativa para el paro
Virgilio Mazuela, economista. Diario de Burgos. Sábado, 27 de enero de 1979
En varias ocasiones han aparecido en la prensa local noticias e informaciones sobre CYFISA, algunas de ellas contradictorias. Todo ello está creando a veces un confusionismo que es necesario aclarar. Los que hemos vivido de cerca esta experiencia nos atreveríamos a titularla de insólita y aleccionadora en el sombrío panorama industrial de nuestra ciudad y de la economía nacional.
Es el proceso de subsistencia de 170 trabajadores que se vienen manteniendo y haciendo posible la supervivencia de una fábrica condenada, por sus dueños, al cierre, al fracaso y a la desaparición. Este proceso necesita del apoyo, comprensión y aliento y en todo caso de la solidaridad de los compañeros de trabajo que un día pudieran verse en su mismo caso.
Quizás es uno de los hechos más sorprendentes y esperanzadores acaecidos en la industria de Burgos, en los últimos tiempos, una prueba fue la numerosa asistencia a la reunión que los propios trabajadores convocaron con los acreedores, convocatoria que aún de carácter informal fue muy positiva para futuros planteamientos de las pocas soluciones que se presentan a la sociedad. Algo, que ha cambiado la actitud de pasividad, con que estamos asistiendo la dramático aumento del paro, en todos los niveles y que a todos directamente o indirectamente nos debe afectar y comprometer.
Los expedientes de crisis, de regulación de empleo, de reducción de jornada o de plantilla, las suspensiones de pago, y hasta el abandonismo de los patronos y directivos de de empresas hasta ayer prósperas y pujantes, se vienen sucediendo diariamente. Y ninguna solución oficial aparece por el momento, no hay alternativas aplicables al paro.
Como contestación a unas circunstancias que aparecen irreversibles, están surgiendo algunos intentos protagonizados por los trabajadores para impedir que las empresas se paren o se cierren y que ellos pierdan su empleo. En asambleas deciden su futuro planificado, su trabajo o un plan de ventas, sin claudicar ante las presiones de los sindicatos o grupos que representan al capital, grupos que quieren pactar en su provecho o imponer normas establecidas.
En principio con unas ventas “salvajes”, tratan de financiar los salarios atrasados que se deben, y una vez que se consolida su continuidad con la asamblea como órgano de decisión, gestión y administración, y controlando a los coordinadores y responsables nombrados en esas asambleas y revocables por ellas mismas en cualquier momento.
¿Es una experiencia válida y duradera? No lo sabemos, pero tal como están hoy las cosas, las previsiones son las mismas que puede tener el más conspicuo de los empresarios a plazo corto.
Lo cierto es que contra todas las adversidades, dificultades y pesimismos CYFISA lleva nueve meses aguantando sobre las maléficas profecías que les hacían los agoreros de siempre.
Con estos casi nueve meses que se han mantenido, haciendo producir la empresa e incluso han iniciado un período de recuperación, si las circunstacias exteriores lo propician.
¿Es esto autogestión? En principio tiene todas las condiciones internas para que lo sea, ante el abandono y la huida de directivos y altos técnicos. En la empresa, los 170 trabajadores han asumido las responsabilidades, se han hecho cargo de su funcionamiento. Hoy son ellos los auténticos directivos de ellos mismos. Esto, en principio, es autogestión. Sólo se requeriría que los propios trabajadores quieran -y no solo puedan- sustituir a los que se han ido.
Otra cosa son las condiciones externas precisas para que este proyecto sea posible, y es que el sistema económico, social y político que nos rodea, lo favorezca o lo permita. Uno de los obstáculos más importantes es el de la propiedad jurídica de la empresa, sería necesario arbitrar fórmulas legales para traspasar la propiedad de los amos legales a los reales, a aquellos que creen y han puesto en práctica que las instalaciones y la maquinaria todavía sirven para fabricar y dar trabajo a un grupo de hombres capaces de autogobernarse.
Cuestión aparte, sería el de la legalización y la personalidad jurídica del colectivo de obreros que permanecen en la empresa, que superando el viejo cooperativismo diera consistencia a fórmulas de “asociación obrera” para la gestión.
Todo ello es viable, siempre que, la sociedad sepa que no todas las empresas están hundidas cuando existe una suspensión de pagos, crisis, liquidación o abandono, por parte de la patronal, si hay un grupo de trabajadores, que sin socializar las pérdidas y con una ayuda mínima en los comienzos, por quienes están más interesados en su subsistencia, están decididos a continuar y a que se busquen soluciones aparentes y eficaces para ellos.
Un grupo de economistas fuimos encargados de realizar un estudio-informe sobre la posibilidad de supervivencia de CYFISA en manos de los trabajadores. Hemos aportado, dentro del mayor rigor científico permitido, sólo unos datos que pueden demostrar palpablemente que existen las condiciones industriales, comerciales y de rentabilidad requeridas para que la empresa subsista. Pero por encima de ello, está el valor de algo que puede ser solución en el tenebroso panorama de paro que presenta nuestro país: en el caso de empresas de hombres cansados, aburridos, sin ganas de correr riesgos (una de las cualidades del patrón), la aventura podría ser asumida entonces por quienes desean ser los verdaderos protagonistas de la producción: los trabajadores.
Se trata pues de buscar fórmulas asociativas, aceptando las iniciativas de los que nada tienen, sino su trabajo, en las que, la participación en la gestión de todo lo que les afecta, esté asegurado y sobre todo en la voluntad de aquellos, que queriendo ser libres, luchan por una sociedad de hombres iguales.

 

Documental sobre CYFISA.

Mañana serás tú, documental sobre autogestión cyfisa en gamonal

Entrevista a dos trabajadores de CIFYSA
Una entrevista con dos antiguos trabajadores de la fábrica de CYFISA (Calor y Frío Industrial Sociedad Anónima) de Burgos que narran su experiencia de autogestión durante más de un año a finales de los 70.

https://archive.org/details/ElProcesoDeAutogestionDeCYFISA

One Reply to “Al calor de la Autogestión CYFISA: la utopía vivida”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*